Repensar la ciudad
Las dinámicas generadas por las grandes ciudades como principales centros de intercambio múltiple y complejo mantienen como fin principal la reproducción del capital, se prioriza el valor de cambio sobre el valor de uso. Ante éstas prioridades, la ciudad no es considerada como un derecho sino como una mercancía. En esta ecuación los sectores marginados quedan excluidos de cualquier toma de decisiones pues no representan ganancia alguna y la relación con la naturaleza queda anulada.
Esto es posible verlo en la Ciudad de México tanto en el desarrollo urbano como en sus diversas arquitecturas que reproducen la desigualdad social y donde los procesos de configuración del hábitat, tanto en las zonas consolidadas de la ciudad como en las periferias, no observan las consecuencias del crecimiento desmedido. Este crecimiento desmedido hacia las zonas periféricas de la ciudad, forma parte de un proceso complejo de configuración territorial, por un lado las zonas periféricas que no cumplen con condiciones mínimas de habitabilidad son ocupadas por sectores económicamente menos favorecidos y sin acceso a asesoría técnica de arquitectos. Una ciudad que se construye al margen de la formalidad arquitectónica.
Por otro lado el suelo urbano en la parte central de la ciudad es cada vez más caro e inaccesible para las mayorías pero aun así se redensifica, la modernización de la ciudad capitalista implanta modelos de construcción de ciudad fragmentada en áreas, zonas y ciudades paralelas que contrastan entre ellas, nuevo enclaves urbanos, espacios donde se materializa el proyecto de acumulación de capital. El territorio queda en el ámbito de lo privado y excluyente, ejemplo de esto lo encontramos en algunas procesos de revitalización del centro histórico, en la invención del “Nuevo Polanco” o en Santa Fe. En la ciudad de México vemos que las transformaciones en las nuevas áreas de la metrópoli, se encuentran controladas por la especulación del suelo urbano.
Además de la segregación, otra arista del problema la encontramos en el aspecto ambiental. La ciudad y sus arquitecturas agudizan las problemáticas ambientales, el colapso de los recursos requeridos para su construcción y funcionamiento y la gran cantidad de desechos que se generan son algunos elementos de la relación dialéctica entre la ciudad y la crisis ambiental que padecemos ahora. Pues el cambio climático provocado por estos modelos de desarrollo centralizados con un consumo desmedido de recursos no permiten un desarrollo equilibrado dentro del territorio. La modificación del ecosistema que cambia las condiciones ambientales, sumado a esto la cantidad de deshechos producidos en las ciudades nos mantiene al borde el colapso
Las recientes inundaciones en Tula de Allende por el desbordamiento del Río Tula, desagüe principal de la Ciudad de México y el desgajamiento del cerro del Chiquihuite, zona periférica de la ciudad, nos ha dejado consternados y nos obliga a reflexionar sobre la relación entre esos sucesos y las formas de desarrollo urbano de la CDMX y zona metropolitana. Pues más allá de ser producto de un fenómeno natural, se agrava por el modelo de ciudad que hemos construido.
Hoy es urgente pensar en nuevas formas de desarrollo cuyo motor principal sea el valor de uso, es decir pensar a la ciudad como un derecho con múltiples contradicciones por resolver, en este espacio sólo hemos señalado dos, primero el acceso justo a la ciudad y sus servicios y segundo la relación que tiene la ciudad con la naturaleza. Una ciudad de nuevo tipo requiere del reconocimiento de los diferentes sectores que la conforman, su pluralidad y necesidades concretas, pero también significa pensar a la sustentabilidad como un proceso integral de mejora y equilibrio con la vida. La construcción de un futuro mucho más incluyente implica necesariamente repensar una relación hombre-ciudad-naturaleza tomando en cuenta la contradicción campo-ciudad reflejada desde los inicios del proyecto moderno.
