Editorial 2: 14 de septiembre del 2021

A 500 años de la conquista una maqueta de cartón piedra del Templo Mayor

Por: Miguel Ángel Rosas

miguelangelrosas@gmail.com

Esta pequeña nota es parte de una reflexión mayor sobre dos intenciones o intencionalidades de hacer historia en tiempos de la 4T a partir de una reescritura de nuestro pasado tomando como eje los “500 años de resistencia indígena”. El día 5 de septiembre se dio a conocer en comunicado oficial que la escultura de Cristóbal Colón de Charles Cordier no regresará al Paseo de la Reforma, -lugar del que fue retirado el mes de octubre del año 2020 argumentando tareas de restauración-, hoy se ha dicho que será una escultura de una indígena olmeca, obra de Pedro Reyes, la que llenará aquel vacío, la fecha de su inauguración será el próximo 12 de octubre, día de la raza. Daré inicio entonces con la primera consideración. A 500 años de conquista una maqueta de cartón piedra del Templo Mayor instalada en el zócalo capitalino homenajea ese acto celebratorio. Es inevitable -al estar ahí- recordar la caricatura de Alberto Beltrán publicada el 26 de noviembre de 1982 en el periódico El Día

En ambos casos la cercanía de la maqueta del Templo Mayor frente al Palacio Nacional me permite hacer la inevitable relación entre arqueología y poder político, relación que ya la había planteado Federico Navarrete en su texto “Ruinas y Estado”, dicho vínculo fue el que dio origen a la primera temporada del Templo Mayor al desenterrar la pirámide sobre la ciudad. Al dotar de techos a los adoratorios de la cima la maqueta niega los principios de la Carta de Venecia (1964), es decir el principio de no reconstrucción, ¿porque no debe reconstruirse un monumento? Basta recordar las normas internacionales de la UNESCO. El pretender rehacerlo es querer quitar el paso del tiempo. La reconstrucción completa al objeto, negando con ello su condición de ruina, a partir de ahí surge el dilema. Al presentar el edificio completo se niega la conquista y por ende la negación a nosotros mismos como identidad colonial y nación. La maqueta monumental del Templo Mayor es un edificio de cartón piedra que niega lo que celebra y se enfatiza por tanto los 500 años de resistencia indígena.

Sin embargo, completar al objeto no fue intensión exclusiva de la 4T, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez tuvo tal pretensión al seguir los postulados del presidente José López Portillo; así me lo relató Javier Ramírez Campuzano: “Mi papa quería hacer el fantasma del Templo Mayor porqué José López Portillo dijo, ‘descúbrase, para el día y la noche, el Templo Mayor de los aztecas’, entonces mi papá se quedó pensando… ¿para el día y la noche?… ¡El fantasma del Templo Mayor!, una proyección con rayos láser en luz y sonido.” Es curiosa la manera de celebrar como postura y fiesta oficial el poder en ambos gobiernos.

“Aquel 28 de febrero de 1978, sentí pleno y redondo el poder: podía por mi voluntad, transformar la realidad que encubría raíces fundamentales de mi México […] Simplemente dije: exprópiense las casas. Derríbense. Y descúbrase, para el día y la noche, el Templo Mayor de los aztecas”. Efectivamente, se busca y buscaba, transformar la realidad en nuestros y aquellos tiempos como la construcción y reconstrucción de nuestro pasado.

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